Charla sobre la marihuana y el sistema endocannabinoide

ImageDiscutir los aspectos biológicos y médicos de la marihuana no debería ser cosa sólo de especialistas: es necesario que los actores no vinculados al sector de la salud conozcan esta perspectiva. Es que no solo impera el desconocimiento, no es sólo que no sepamos; de hecho prevalece una perspectiva equivocada. Por ejemplo, nadie nos dijo que nuestro propio cuerpo produce cannabinoides, o que en nuestro cerebro hay receptores específicamente diseñados para sintetizar esta sustancia. En setiembre de 2007 en Prolegal realizamos una serie de charlas formativas con dos médicos especializados en la temática.

En un grueso resumen, la charla se estructuró en dos ejes; el primero se introdujo en la complejidad de los sistemas biológicos, analizando en términos generales el estado actual del conocimiento en medicina y farmacología, para recién desde ahí entrar al segundo eje, el rol biológico de los cannabinoides endógenos y exógenos. La máxima desde la que se partió en la charla “Por simples que sean nuestros sistemas nunca serán tan simples como compleja es la realidad” (una cita del matemático francés Jules Tannery), explica el orden que propusieron los expositores: para discutir este tipo de temas hay que asumir que no son sencillos, y que cualquier explicación demasiado sencilla está forzando la realidad para algún lado.


ImageRecién en la actualidad, a partir de la descripción de los distintos elementos que forman parte del sistema cannabinoide, se empieza a disponer de las suficientes herramientas para analizar con objetividad el fenómeno del abuso del cannabis. El cannabis sativa contiene más de 400 componentes químicos, de los que se conocen al menos 60 cannabinoides únicos de la especie. Los tres cannabinoides más importantes por sus efectos psicoactivos son el delta-9-tetrahidrocannabinol (THC), el  cannabidiol y el cannabinol. El contenido de cannabinoides depende de varios factores. La mayor concentración se produce en los brotes y en las hojas.

La falta de datos concluyentes acerca del mecanismo de actuación a nivel cerebral de sus principios activos ha permitido interpretaciones extremas acerca de sus efectos sobre la salud, o bien comparándola en toxicidad con otras drogas como la heroína o la cocaína, o bien considerándola como poco peligrosa e, incluso, saludable. Pero como todas las cosas complejas, el asunto es matizado, con aspectos negativos y otros positivos. Por ejemplo, la combustión del cannabis genera mayores niveles del carcionógeno Benzopireno que el tabaco. También son más elevados la cantidad de benzoantraceno y diversos naftalenos. Por otra parte, los cannabinoides aumentarían la inmunidad celular y disminuirían la inmunidad humoral, es decir, lo que es nocivo para una infección puntual, puede ser positivo en las alteraciones autoinmunes y en inflamaciones agudas y crónicas como la Artritis Reumatoide. Estas acciones antinflamatorias también podrían ser beneficiosas en enfermedades autoinmunes del Sistema nervioso central como la Esclerosis Múltiple.Existen muchos datos en la literatura que demuestran que los cannabinoides perjudican los procesos cognitivos (aprendizaje y memoria) tanto en humanos, primates y roedores. La exposición crónica a THC en roedores, altera de forma persistente la estructura y la función del Hipocampo, y la exposición aguda causa un deterioro reversible de memoria por efecto directo sobre el Hipocampo.

ImageEl asunto es que muchos de los aspectos positivos, terapéuticos, no han sido lo suficientemente destacados. Por ejemplo, la manipulación farmacológica con moléculas progresivamente más selectivas puede proporcionar beneficio terapéutico en diferentes patologías, algunas sin tratamiento farmacológico eficaz hasta el momento. Por ejemplo, los canabinoides tienen una importante y aún inexplorada función de neuroprotección frente a estímulos tóxicos y el daño oxidativo, especialmente tras traumatismos. Pero además, las células presentan mecanismos por los cuales deciden seguir vivos o morir, lo que se llama “muerte celular programada”; pues buen, varias investigaciones muestran que los cannabinoides pueden influir en esta “muerte celular” en células cancerosas actuando como agentes antitumorales, en una línea de investigación actual cada vez más importante. También parecen actuar sobre el crecimiento tumoral, inhibiendo la criogénesis, los mecanismos propios del tumor para que les llegue la sangre, generando vasos sanguíneos que los alimentan.
     
ENDOCANABINOIDES. Los endocanabinoides son sustancias que genera el propio organismo, que actúan en determinados lugares quimiorreceptores específicos, canales en la membrana celular, que ya existen y son específicamente para los canabinoides. Como todas las sustancias, los canabinoides tienen algunos efectos positivos y otros negativos; por ejemplo respecto a la inmunidad celular y corporal, presentan efectos nocivos para infecciones puntuales, pero pueden ser positivos en enfermedades autoinmunes o inflamaciones. Esto es, nuestro cerebro y algunos órganos periféricos fabrican, contienen y utilizan una serie de moléculas que denominamos cannabinoides endógenos o “endocannabinoides”, que aunque algo diferentes a los cannabinoides presentes en la marihuana, el hachís u otras preparaciones de la planta “Cannabis Sativa”, forman parte de un sistema de modulación del organismo que contiene los receptores sobre los que actúan los cannabinoides vegetales.
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CRONICIDAD. Los efectos en el uso crónico, son difíciles de aislar; todo lo que dice la ciencia respecto a los efectos de cualquier fármaco sale de investigaciones que se hacen en animales, y se extrapolan a lo que pasa en el humano, en grandes poblaciones y se sacan resultados estadísticos, relativos, que no quieren decir que a todos les vaya a pasar lo mismo, porque inciden factores internos y externos, del ambiente y de la propia persona. Pero es clara por ejemplo la existencia a lo largo del tiempo de la “tolerancia”; la necesidad de mayores dosis para lograr los mismos efectos: disminuyen los efectos subjetivos, cardiovasculares y sus efectos sobre la presión ocular. De cualquier modo, esto pasa con cualquier sustancia, y con el cannabis sucede aún menos que en otras. La cantidad de principios activos en la planta es muy variable pero aproximadamente un porro equivale a entre 0,03 y 0,06 miligramos por quilo de peso de la persona. Y la dosis utilizada en animales para generar tolerancia es de entre 20 y 50 miligramos por quilo, o sea entre 300-1500 porros diarios. La dependencia, propiamente la adicción, recién aparece en animales a dosis equivalentes a más de mil porros por día.