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Charla sobre geopolítica de las drogas | Imprimir |  E-Mail

Image El colectivo Prolegal  organizó una charla sobre la geopolítica de las drogas, que contó con la presencia del francés Alain Labrousse, sociólogo, historiador y  especialista en el tema convocado. Junto al experto participaron dos destacados personajes del ámbito universitario: Gabriel Eira, psicólogo y docente universitario y Rafael Bayce, sociólogo, politólogo, y docente universitario.

La charla, realizada el martes 12 de junio, en la Facultad de Humanidades, fue organizada en oportunidad de la presencia de Labrousse en Uruguay bajo el título “Conexión Uruguay en la ruta del narcotráfico”, que intentó responder cuál es papel que juega nuestro país en el narcotráfico mundial como ruta de comercio.

Una vez presentados los panelistas, se dio paso a la intervención del experto francés, quien brindó un panorama general sobre el tema de la geopolítica de las drogas. Comenzó definiendo a la misma como una rama de la geopolítica, y ésta como una “lucha de poderes para controlar territorios, sus riquezas y a los hombres que las producen”. Explicó que el concepto se aplica perfectamente a las drogas, porque “tres de sus cuatro grandes familias (descartando las sintéticas) son elaboradas a partir de plantas que crecen sobre esos territorios. Esas plantas son el cáñamo, la coca, y la amapola (con la que se produce el opio). Generalmente los laboratorios que se utilizan para la producción de dichas drogas se encuentran cercanos a las plantaciones, por lo que el control del territorio asegura además el control sobre la producción.

En cuanto a la producción de coca, los tres grandes productores se encuentran en la región andina. Perú y Bolivia tienen una tradición milenaria en el rubro, y Colombia recién ingresó en la escena productiva en la década de los 90. Hasta esa fecha, el país cafetero era el principal transformador de la hoja de coca en clorhidrato de cocaína, desde donde se distribuía al resto del mundo.

Colombia compraba la coca a Perú y a Bolivia, procesada en una pasta base, producida por algunos de esos cultivadores. Cabe señalar que para producir cada kilo de “pasta base lavada” es necesario procesar unos 200 kilos de hojas de coca[1].

Si hablamos de números, mientras al cultivador se le pagan unos U$S300 por cada kilo producido, la misma cantidad de sustancia en New York puede comercializarse a U$S40.000, y con una distribución al menudeo en las calles la recaudación del kilo producido puede  llegar a medio millón de dólares... rentable, ¿no?

Presentado el negocio… ¡comienza la guerra!

La guerra de las drogas.

Se sabe de sobre manera que las drogas, sean lícitas o ilícitas, son un negocio por sobre todo rentables y por ende tentadores. Si bien es posible obtener datos sobre las grandes transnacionales que lucran en el campo de las drogas lícitas como el tabaco y el alcohol, el panorama se complica cuando indagamos sobre el mundo de las drogas ilícitas. La maraña de datos que existen poco nos dicen sobre como se maneja ese mercado. Todo está muy silencioso, escondido. No obstante, semanalmente aparece en las noticias algún decomiso importante que valida la existencia de los antinarcóticos.

La guerra continúa, los mercados crecen y se diversifican, y un mecanismo ensayado por los EE.UU. para detener la fabricación fue la de crear unared de radares, entre la frontera de  Perú, Colombia y Brasil con el fin de detectar cualquier avión no declarado que entrara en ese espacio aéreo. Estos eran interceptados por las fuerzas peruanas y obligados a aterrizar. De lo contrario, eran derribados.

El mecanismo tuvo varios efectos. Por un lado el éxito relativo de este tipo de medida ocasionó que el precio de la coca para los cultivadores peruanos y bolivianos cayera de forma abrupta, y por efecto dominó, también la producción de coca, que se volvió menos rentable. Sin embargo, la producción de coca en Colombia creció a pasos agigantados llegando a las 160.000 hectáreas en el 2001. Es que el estado colombiano no controla la totalidad del territorio y gran parte de éste se encuentra cubierto por selvas, lo que dificulta detectar cultivos a través de satélites. A su vez, el control de estos territorios acrecentó el conflicto entre diversos grupos armados, los cuales vieron grandes incrementos en sus filas. Labrousse sostiene que las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias Colombianas) pasaron en ese período de 7000 a 15000 hombres. Los paramilitares, que a partir de los 90 tenían 5000 integrantes, llegaron a ser 20000. En ese entonces y ante ese panorama nace el plan Colombia de EEUU, para contribuir con dinero (“un billón de dólares por año, durante cinco años, aunque ya vamos en el séptimo”) y tecnología, para ayudar al gobierno de Álvaro Uribe a combatir las plantaciones de coca. El pasado año se fumigaron 170.000 hectáreas con “cosmo plus” (de Monsanto). Este método, alternativo a la erradicación anual, ha ocasionado efectos desastrosos sobre el medio ambiente según los expetos. 

Asimismo, aportó el sociólogo Bayce, se comenzaron a establecer controles sobre los precursores químicos necesarios para la transformación de la pasta base en clorhidrato de cocaína. Los mismos ocasionaron un efecto rebote sobre los precios del clorhidrato, ya que al ser más complicado elaborar el producto, su precio se eleva y su mercado se reduce a los pocos que pueden pagarla. El resultado: venden un producto más barato pero más nocivo para la salud del consumidor (ej: pasta base)[2]

La guerra continúa y algunos resultados parecen dar por ganada la batalla, ya que luego de  6 años de plan Colombia, se redujo a la mitad el número de hectáreas plantadas de arbustos de coca. Sin embargo, el repunte de las plantaciones de Perú y Bolivia y la conquista de nuevos mercados como China hacen saber que el negocio marcha y marcha bien.

Luego de perder el control del canal de Panamá en el 99, Estados Unidos pidió al gobierno panameño instalar allí una base de lucha antidroga, lo que les fue negado, teniendo también que evacuar las instalaciones del comando sur, y perdiendo cierto control militar en la zona. Por otra parte, el presidente venezolano, Hugo Chávez, prohibió el sobrevuelo de su espacio aéreo, lo que complicó un tanto más a EE.UU. desarrollar su estrategia de invasión de los territorios latinoamericanos.

La guerra contra las drogas comienza a ser el telón de fondo que ha de servirle a los EE.UU. para de algún modo resguardar sus intereses sobre la región, utilizando los fondos del plan Colombia para proteger oleoductos que cruzan el continente, que son blanco de sabotajes por parte del ELN (Ejercito de Liberación Nacional), pero que no tienen estos nada que ver con las drogas. Cabe señalar que Colombia posee reservas petroleras en el norte de su país.

Por otra parte, Bayce se refirió al rol que han tenido las fuerzas represivas en el control de la población, en el marco de la lucha contra las drogas. En la década de los setenta, los militares utilizaban la doctrina de seguridad nacional, que como ha demostrado la historia, los dejó mal parados, por lo que “en una famosa reunión en Mar del Plata”, se cambió por la estrategia de intervención en los conflictos de baja intensidad, obligando a cambiar los actores en juego. “No son los militares ni son las oficinas de inteligencia los que intervienen sobre la población subversiva, sino que ahora es la policía que parte a capturar los nuevos demonios que azotan a las sociedades modernas”, dijo el sociólogo, y ejemplificó con el fantasma de la marihuana en la década de los 80, de la cocaína más tarde y como lo es hoy el de la pasta base. Bayce ironizó un tanto con el tema y estimó incluso que estas intervenciones se dan hasta con temas como el “dengue” u otros, que ofician de excusa para una pormenorizada caza de brujas, lo que sirve para un “fichaje” de sospechosos y grupos de pares, así como para marcar una fuerte presencia policial en las calles como los encargados de preservar el orden.

El sociólogo Gabriel Eira hizo varias referencias sobre la ley 17016 (ley de estupefacientes) y sobre las diversas contradicciones que ésta tiene implícitas en su seno, aclarando que regula cosas y no prácticas y las drogas, dijo, “son cosas”:Se regula su comercialización y uso, y se establecen medidas contra el comercio ilícito de drogas”. En base a esto, Eira sostuvo que lo que realmente esta prohibido es el comercio y uso sin la debida autorización.

Frente a la pregunta de cuál es el papel del Uruguay en el comercio mundial de drogas y específicamente a éste como una ruta fundamental en el curso de las drogas al resto del mapa, Labrousse sostuvo que la importancia del país a nivel mundial es mínima como ruta de comercio y que en raras ocasiones se han incautado grandes cargamentos, por lo menos ninguno con la importancia o repercusión como para hacer suponer que Uruguay sea una ruta de intenso tránsito. Remarcó que generalmente la prensa suele utilizar estas referencias y construir información a fin de generar un cierto temor en la población. Bayce agregó que Uruguay suele ser usado como ruta del gran comercio, cuando se ocasionan “accidentes” en otras rutas principales como Argentina o Brasil.

 



[1] “Con una temperatura media de 20 grados, cada planta de coca rinde entre 50 y 100 gr. de hojas secas tres veces al año, y en cada hectárea se cultivan unas 15000 plantas. Por media, cada una de las hojas contiene 1 por 100 de cocaína” - A. Escohotado, Historia general de las drogas.

 

[2]En 1925 en España podía comprarse a cuatro pesetas el gramo de clorhidrato puro de cocaína en una farmacia, mientras que el precio del azúcar en ese entonces era de dos pesetas el kilo” A. Escohotado, Historia general de las drogas

 

 

 

 

 
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